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Conferencia de S.O. Prokofieff

Terapeuticum San Rafael – 23.05.2003

Hoy día es necesario combatir al mal cuando se nos presente. El primer paso hacia la meta está dado en reconocer el mal como tal. Las fuerzas del mal de ningún modo son fuerzas abstractas. El mal se halla enraizado en el mundo espiritual donde se encuentran entidades tanto buenas como malas. R. Steiner habla de cuatro clases de entidades de ese tipo. Tres de ellas, a las cuales también pertenece el hombre, se encuentran en la evolución cosmica. La otra clase sobrepasa este nivel.

Ciertas entidades no llegan a evolucionar con la especie, cuando quieren adelantarse ya no les es posible y es así como comienzan a producir situaciones nefastas para quienes sí quieren seguir evolucionando, es como si tiraran de las fuerzas del bien para que éstas no pudieran avanzar.

Teniendo en cuenta 3 estados cósmicos anteriores del presente hacia atrás veremos a la antigua Luna (entidades luciféricas), al antiguo Sol (entidades arimánicas) y al antiguo Saturno (entidades azúricas). Hoy actúan como fuerzas que están al servicio del mal (impedimentos, contratiempos).

El retraso de dichas entidades hoy también puede ser caracterizado numericamente. Cada entidad que sí cumplió su ciclo puede ser caracterizada con el número 7. Quienes no alcanzaron esta plenitud, pueden ser caracterizadas con el número 6. Como son 3 tipos de seres, los podemos caracterizar con el número 3 veces 6 o sea 666. En el Apocalipsis es utilizado este número para caracterizar a un tipo específico de entidad: Animal del submundo, sube desde las profundidades, con lo cual se denota que no pertenece a la especie humana.

Esta entidad actúa utilizando a las 3 anteriores, por ello 666. Traductores hebreos alquimistas han traducido su nombre como Zorat el Demonio del Sol, el cual también es descripto por R.Steiner.
Esta entidad combate a Cristo no al hombre. Como Cristo se unió a la humanidad en el Gólgota, Zorat no lucha en contra de la humanidad sino que se vale de las otras tres entidades 666. Es por ello que esta cifra tiene un significado especial.
Después del Gólgota esta cifra apareció tres veces. La primera vez en el siglo VII (año 666), la segunda vez en siglo XIV (año 1332 y la 3° vez al finalizar el siglo XX (año 1998).

Las dos primeras veces han sido caracterizadas por R. Steiner y ha dado indicaciones respecto de la vez que volviera a suceder. En el año 1998 no aconteció nada en particular, pero hay que tomar la época, unos 30 años antes y después más o menos.

Toda la estrategia del mal ha cambiado. Esto queda bien expuesto a la luz de cómo se aglutinaba y expresaba el mal en épocas anteriores (Bolcheviquismo en Rusia, Nacismo en Alemania). La estrategia en estos casos se valía de toda una artillería que se ponía en movimiento al unísono desde el Estado, la Policía, el Ejército, la ideología aplicada como pseudoreligión, etc. etc.
Había toda una estrategia que utilizaba una enorme organización a fin de dirigir las acciones humanas hacia el mal.

En el último 1/3 del siglo XX podemos observar cómo el mal ha cambiado de estrategia. Ya no utiliza al estado, a los servicios de inteligencia, etc. Sino que sin contratiempos está tratando de acercarse directamente al yo humano.

Hoy ¿es más fuerte el mal?, en ese caso hay una gran chance también para el bien, para que se fortalezca.

El mal solamente puede pensar mal, pero no sobre el bien. Cuando el mal ataca al yo individual, existe la posibilidad de decirle que no. Si al mal le llega un no del individuo humano, el mal queda afuera. Como el mal es indefenso ante el no del individuo humano, busca otros caminos. Como no puede atacar al yo, intenta destruir las envolturas del humano también llamados cuerpos Físico, Astral y Etereo.

El demonio intenta destruir al ser humano atacando su cuerpo astral mediante todas las formas existentes de violencia irracional (vease los niños que matan a otros niños: un estudio estadísitico ha demostrado que un niño de 10 años en América ha visto miles de horas de televisión las cuales contienen un alto porcentaje de violencia).

Las fuerzas soráticas intentan atacar el cuerpo etéreo del humano mediante la perversión sexual. Vease aquí la vida nocturna de las grandes ciudades, la cantidad de dinero que mueve la industria del sexo y que esta industria no para en el ser humano adulto sino que además, involucra vidas humanas de niños.

El cuerpo físico está siendo atacado por las fuerzas del mal en forma de droga. En el mundo se mueve más dinero mediante la comercialización de la droga que en la industria petrolera o automotriz.

Con estas estrategias, el mal pretende destruir los cuerpos astral (violencia), etéreo (sexo), físico (drogas) haciendo imposible la vida humana en la Tierra. Si el yo se niega a colaborar con el mal, éste intenta sacarlo de sus envolturas, logrando así seres que parecen humanos pero que ya no lo son, pues lo que hace a lo humano ya no existe. Organizadas, estas fuerzas de seres en envolturas humanas, generan situaciones de las cuales el terrorismo como ejemplo, es sólo el principio de atrocidades y desequilibrios impensables para un corazón humano.
Imagen de la que habló R. Steiner cuando interpreta a San Juan cuando dice que desde el abismo Zorat sube con una multitud de langostas con rostros humanos pero con garras como de leones con las que destruye todo cuanto encuentra a su paso.
R.Steiner interpreta los rostros humanos y el poder como de leones, como seres que dentro de sus envolturas están llenos de seres demoníacos.

Vivimos en una era de evolución del yo, y donde no actúa un yo consciente, allí obran los demonios. A medida que aumenta la evolución del yo, en la misma medida se activan los demonios.

R.Steiner representó dos caminos en una escultura que puede ser vista en el Goetheanum. El motivo principal es Cristo como ejemplo para la humanidad, manteniendo el equilibrio de las fuerzas humanas reales, en caso de no lograrlo aparece la figura secundaria. Lucifer viene desde arriba, Ahriman desde abajo, y ellos desean encontrarse en el centro. Lucifer viene desde el pensamiento, Ahriman desde los genitales y ambos quieren ocupar el espacio del centro, el corazón del hombre que es el lugar asignado a Cristo, en este espacio sólo puede obrar Cristo. Cristo ha sido ejemplo para la humanidad, el ser humano debe tratar con todo su ser de encontrar el equilibrio a fin de encontrarse con Cristo.

Lucifer viene desde el pensamiento (arriba), Ahriman desde abajo y desean encontrarse en el centro, desean conquistar el corazón humano. Esa área en la cual sólo puede obrar Cristo.

Concretamente esto se traduce del siguiente modo: Seres espirituales actúan en el camino del hombre, en los tres espacios terrenales, en tres dimensiones y se expresan en tres fuerzas: el pensar, el sentir y el actuar. El pensar actúa desde la izquierda y desde la derecha, el sentir desde adelante y atrás y el obrar desde arriba y desde abajo.

El pensar, el setir y el obrar son fuerzas espirituales que se proyectan en el espacio.

El pensar se ha equilibrado (Luzifer desde la izquierda, Ariman desde la derecha), de lo cual resulta nuestra libertad en el pensar. Hemos adquirido esta libertad, pero sin embargo, el pensar está muerto, no tiene esencia, es sombrío. Veamoslo ante un ejemplo: vemos un paisaje especialmente bello, en todo su color, calor, aroma, cuando tratamos de imaginarlo, sólo tenemos una sombra de lo que realmente hemos visto. Como el pensar es sombra, es nuestro y podemos utilizarlo libremente.

En el sentir, Luzifer presiona desde el frente y Ariman desde atrás, pero Luzifer sólo llega hasta el esternón y Ariman sólo llega hasta la espina dorsal, con lo cual queda un espacio, en este espacio pueden actuar nuestras buenas energías. En la percepción nos podemos dar cuenta que el sentir no está muerto.

El obrar o actuar. Luzifer actúa desde arriba y Ariman desde abajo pero sólo llegan hasta el diafragma, también aquí queda espacio. Notaremos que la voluntad es algo que también está vivo, no está muerto.

La figura que aquí surge tiene dos dimensiones ya que en el pensar no tenemos espacio. Surge un cuadrado, falta la dimensión del pensar.
Cuando el ser humano fue creado, era un cubo, el pensar estaba vivo. Hemos perdido el vivo pensar y en su lugar adquirimos libertad.

En ese cuadrado que nos hemos figurado debería surgir el cubo, pero ¿cómo? Para llenar el espacio circunscripto es necesario que espiritualicemos nuestro pensar. Revivir nuestro pensar mediante su espiritualización y llenar el espacio del centro (del corazón) con pensamientos vivos. El pensar es el único elemento con el que contamos para ampliar y llenar este espacio. ¿Qué es este espacio? es un espacio al cual el mal no tiene acceso, podemos decir que no, somos nosotros quienes lo dejamos entrar o no. Es un espacio que puede ser asignado a Cristo. Es el espacio en el que me puedo encontrar con Cristo, el mayor recurso, el mayor ayudador del hombre. Cuando necesitamos esta ayuda a fin de que seamos lo suficientemente fuertes como para resisitir a las fuerzas arimánicas y soráticas, la tendremos desde ese espacio interno que hemos acondicionado para Cristo. Debemos tener ese espacio siempre libre de otros pensamientos, deseos, cavilaciones.
Hoy día esto es muy muy importante, a fin de que Cristo pueda ingresar en ese espacio.

Las fuerzas del bien esperan de nuestra colaboración para poder actuar. Las fuerzas del mal se infiltran sin pedir permiso, si uno quiere o no quiere, ellas irrumpen, y se sirven para ello de tentaciones. Si no ponemos nuestra voluntad pensaríamos que se trata de situaciones que vienen de los mundos superiores. Son situaciones de las que se valen los ángeles caídos para tentar en el sentir y en el obrar y no hay forma de descubrirlo si no estamos atentos.

Las fuerzas ahrimánicas actúan desde atrás, desde el subconciente, no las vemos. Si las fuerzas ahrimánicas toman posesión del ser, estas se apoderan del sentir y generan obsesión, o personas que se las ve fuera de su centro (verführt). Aparecen conflictos en los que no es posible disernir sobre el bien y el mal.

Quien no quiera construir el espacio interno para Cristo no podrá resolver los conflictos externos que se le planteen ya que no ha resuelto sus conflictos internos.