Posted by on Ago 8, 2011 in Artículos | Comentarios desactivados en Manifiesto arte para ser artista

Manifiesto arte para ser artista

Nosotros, los artistas, estamos obligados a crear el mundo a imagen y semejanza nuestra, de la verdad, que no es otra cosa que el amor. No podemos soltar la carga. Vamos con firmeza hacia delante, aunque todo esté cayendo a pedazos a nuestro alrededor. A nosotros no nos importa. La obra, siempre la obra. El amor hasta el fin. No hay tratos, es el amor o nada. No negociamos con la muerte. Y nuestras palabras no vacilarán. Ni el silencio podrá con ellas.

Aletearemos canoas de fuego hasta el crepúsculo, nos contaminaremos la almohada de inconsciencias absurdas, dementes, apabullantes, sin sentido, ni sin sentido. Muerte, muerte, pronunciaremos entre escalofríos diamánticos. Brillaremos en un mar de lucidez putrefacta y haremos ave fénix hasta el fin. Nada podrá detenernos. Nada. Somos la lumbre del mundo. Sin nosotros, el mundo colapsaría. ¿Que eso sería bueno? Para vos. No para mí. Yo elijo, esa es la diferencia. Vos almorzás con ballenas somnolientas, con limones de tontera en un árbol llamado tontuelo. Del tontuelo crecen los tontos. El mundo está lleno de tontuelos. Qué lástima el mundo. Qué desconsuelo. Pensar que pudo suceder. Pensar que aún puede. Que el tiempo no tira la toalla. Y el espacio mira y hace gestos de aliento: ¡Vamos, tiempo! ¡Tú puedes! ¡Arriba! ¡Eso! Y plancha mis camisas. Yo plancho sus mundos.

Me arde el Olimpo de mi ser. Hay un fuego centelleando a disparos galácticos, como miles de furias amordazadas en la tina, con muérdagos de bronce y dedos afilados como lanzas. ¿Qué es este mundo? ¿Yo tengo algo que ver con el mundo? ¿Deseo? ¿Sólo en eso me relaciono con el mundo? Deseo, luego existo.

¿Acaso es imposible dejar de estar solo? El hombre es soledad en su más profundo fondo, y ese fondo quiere llenarse, colmarse, y busca cosas que lo llenen. Cosas… ¿Qué cosas busca? ¿Qué buscamos para llenar nuestro poso? ¿Y por qué siempre vuelve a vaciarse?

La vida de un hombre es un poso que se llena y se vacía, una nada que quiere ser todo, y cuando es todo, es todo y no hay nada que hacerle. Nosotros que hacemos a la vida de mil colores, que participamos del consuelo universal, nosotros que abrimos las venas del amor, la sangre nos perseguirá. Nosotros los invisibles inverosímiles, los extravagantes alados, ¿cómo nos entenderá el mundo?

Queremos entender el mundo, por qué se mueve como se mueve, por qué gira y tiene vida, qué son los caballos, y las morsas, y los delfines, y el aire, y por qué es que morimos, por qué se mueren mis amigos, por qué me muero yo. Esta es la realidad que nos muerde, que nos estrangula el corazón, nuestro corazón que crece cada día y no se detiene aunque roguemos al cielo que se detenga. No, no se detendrá jamás. Crecerá hasta seguir creciendo, hasta abrirlo todo, hasta que los nervios se vuelvan luz, instante.

Dios es una sombra en nuestras cavernas. Nosotros vemos más acá. Más allá es fantasía. Más acá es amor. Amor bailarín, corazón enamorado. Dios es la broma máxima, el absurdo peldaño último del infinito. Es mañana sin día, canción amurallada, redoblantes de temor fantasma. Dios es la calle por la que camina el hombre, no tiene barba, no mira, no habla, no calla, no muerde, no ladra; se manifiesta ausente en nuestras almas devoradoras. Dios es nuestra voluntad más grande. No sabemos de dónde venimos pero sabemos a dónde vamos. No nos importa si Dios existió, sabemos que tiene que existir, queremos que exista y eso hacemos. Hacia Él vamos sedientos. No creemos en Dios, queremos a Dios. No creemos en creer.

Estamos fisiológicamente imposibilitados para creer. La fe es algo ajeno a nosotros y, sin embargo, seguimos vivos y vivimos y tenemos un nudo en la garganta el día entero. Nuestro corazón extraña a Dios. Somos dioses sin cielo, dioses de carne y sangre que saben que extrañan algo y no saben qué es y lo extrañan. Y diremos más: Dios existe, no tenemos dudas de eso; el inconveniente es saber que queremos sentir su Amor pero no podemos, algo nos lo impide, algo nos está probando. ¿Podrían hombres vivir sin Dios? ¿Soportarían no encontrarlo más? ¿Soportarían ser Dios ustedes mismos? ¿Soportarían el amor en sus cuerpos sin estallar, dejando de ponerlo en manos de Dios? ¿Se harían cargo del amor? ¿Creen que Dios está fuera de ustedes?

El mundo está lleno de hombres lobo, qué le vamos a hacer. Nosotros tenemos que ser lobos hombres, más feroces que mil dragones. Nada puede interponerse entre el artista y su obra. No dejamos que nada toque nuestro tesoro. Nuestro tesoro es la fuente de la vida, no podemos ceder ante la estupidez del mundo. El mundo duerme un profundo sueño. Y sueña que sueña. Dejémoslo soñar, no despertemos a los muertos que los muertos no quieren vivir. Demos vida a lo que ya vive, a lo que respira, a lo que nos precisa. Que la muerte se encargue de sus muertos. Nosotros somos hechos de vida, y vida eternísima. Nada nos matará jamás. Esto es así, aunque la realidad demuestre lo contrario. La realidad no siempre tiene razón. Sino se llamaría “la razón”.

¿Vos creés que el arte es para enfermos, para personas débiles, para vagos e irresolutos transeúntes? Ay, pobre de vos, hombre sin piernas, el cascote de la realidad te va a caer encima y flor de chichón te va a quedar. Aprende hombre que no sos vos todo, que el universo es todo. Oh, hombre, sos un pataleo del tiempo, nada más.

¿Que cuál es entonces nuestro propósito? Bien, nuestro propósito es no tener propósito en lo absoluto. Es ser arrastrados por la vida como canoas a la deriva. Porque verdaderamente somos los seres que están a la deriva. Y regocijémonos en nuestra deriva. ¿Quién no está a la deriva por mucho que se aferre? Lo único que no está a la deriva es lo que se regocija y alegra por estar a la deriva. Si caemos al abismo, que ese abismo sea nuestra salvación y felicidad. Debemos retorcernos, gritar y llorar a moco tendido. El mundo nos lo pide retorciéndose, gritando y llorando.

No, no queremos acabar con nuestra rueda de encarnaciones porque ¿cómo podríamos amar sin este cuerpo espiritual que somos? No, no nos interesa el nirvana fuera de la Tierra. En la Tierra están los que sufren y en la Tierra debemos estar nosotros, queremos estar nosotros. Para redimir al mundo. No, no queremos salvar al mundo, el mundo no precisa ser salvado. Y si lo precisa, en ese caso, como todo, sólo puede salvarse él a sí mismo. Nosotros salvamos todo lo que podemos, yo salvo todo lo que puedo salvar: a mí y a Dios.

El arte no puede vencer la realidad, pues se estaría venciendo a sí mismo. Puede transformarla. Y la transforma. Ningún gobierno, ninguna iglesia, ningún tirano, ninguna tortuga galopante pudo ni podrá jamás detener al espíritu. En su avance creador no interrumpe nunca el mundo. El mundo actúa con él, es su extremidad. El arte manda una orden y el mundo acciona. El amor es inevitable.

Yo hablo así y soy un monstruo de belleza inacabada solamente porque nada va a romper al amor y esa es la determinación. Escupo palabras y salen flores. Hay algo que me habla de amor. Y este es el manifiesto.

Los demás pueden tener razón pero no hay de qué preocuparse, a nosotros no es la razón lo que nos importa.

Martín Sebastián Godino
discípulo del viento